lunes, 3 de febrero de 2014

SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD EN EL HEMISFERIO NORTE:
La Iglesia celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
Francisco y la continuación de los pasos de sus predecesores

CIUDAD DEL VATICANO, 20 de enero de 2014 (Zenit.org) – La semana pasada, del 18 al 25 de enero, entre las fiestas de San Pedro y San Pablo, la Iglesia celebró la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en el hemisferio norte. El tema central para la reflexión de este año, es la cita de I Corintios 1, 13:  "¿Es que Cristo está dividido?"
Desde 1968, los temas son elaborados conjuntamente por la Comisión "Fe y Constitución" del Consejo Ecuménico de las Iglesias (por parte de la iglesia ortodoxa y las iglesias evangélicas) y el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos (por parte de la iglesia Católica)..
El trabajo inicial sobre el tema del material de este año, para la Semana de Oración de 2014 lo ha realizado un grupo de representantes de varias partes de Canadá, reunido por invitación del Centro Canadiense para el Ecumenismo y el Centro para el Ecumenismo La Prairie.

Al comienzo de su pontificado el Papa Francisco, ante los delegados representantes de sus iglesias habló sobre el camino a seguir para el ecumenismo y la importancia que este asunto tiene para él.  Él ha dicho:  “Por mi parte, deseo asegurar, en la estela de mis predecesores, mi firme voluntad de proseguir el camino del diálogo ecuménico y doy ya las gracias al Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, por la ayuda que continuará ofreciendo, en mi nombre, por esta noble causa. Y os pido que llevéis mi cordial saludo y la seguridad de mi recuerdo en el Señor Jesús a las Iglesias y comunidades cristianas que representáis aquí, y que recéis por mí para que pueda ser un Pastor según el corazón de Cristo".  

A lo largo de estos meses de su Pontificado, el Papa Francisco, mencionó en diferentes oportunidades el tema del ecumenismo y el diálogo interreligioso.

Y al igual que Francisco, sus antecesores trabajaron y destacaron la importancia de la unidad de los cristianos. Tal y como Francisco recordó en una ocasión, Benedicto XVI afirmó: "la unidad no es principalmente fruto de nuestro esfuerzo, sino de la acción del Espíritu Santo el cual debe abrir nuestros corazones con confianza para que nos conduzca sobre las vías de la reconciliación y de la comunión". Así como el beato Juan Pablo II se preguntaba "¿cómo anunciar el Evangelio de la reconciliación, sin comprometerse al mismo tiempo a trabajar por la reconciliación de los cristianos?".



EL PAPA Y LOS LUTERANOS DE FINLANDIA.
Ciudad del Vaticano, 17 enero 2014 (VIS).-Con ocasión de la festividad de san Enrique de Uppsala, patrón de Finlandia, el Papa Francisco ha recibido esta mañana en audiencia a una delegación ecuménica de la Iglesia Luterana de Finlandia, que desde hace veinticinco años por estas fechas viene en peregrinación a Roma.

Ustedes saben que el lema de la oración de la Semana de Oración por la Unidad de los cristianos este año es:  “ ¿Es que Cristo está dividido?“  El Papa Francisco  les hizo  la misma pregunta, diciéndoles que esa pregunta va dirigida a nosotros hoy.  Agregó:  “Frente a algunas voces que ya no reconocen como objetivo alcanzable la unidad plena y visible de la Iglesia, estamos invitados a no desistir en nuestro esfuerzo ecuménico, fieles a lo que el mismo Señor Jesús invocó del Padre: “Que todos sean una cosa sola”.

Por ese motivo, mencionó luego, es necesario que el testimonio “se concentre en el núcleo de nuestra fe sobre el anuncio del amor de Dios que se manifiesta en Cristo, su Hijo. Aquí encontramos espacio para crecer en la comunión espiritual que nace directamente del mandamiento de amor que Jesús dejó a sus discípulos.



Al comienzo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, se le hizo una entrevista al Cardenal Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, sobre la perspectiva del ecumenismo en el pontificado de Francisco. Entre otras cosas mencionó:

El Papa Francisco ha sido la gran “novedad” del 2013. Y “desde el punto de vista ecuménico, su pontificado ha comenzado de inmediato muy bien.  El balance ecuménico de este año – gracias también a Francisco – conquista un vistoso signo “más”. “Desde el punto de vista del contenido, creo que hay una gran continuidad entre Benedicto XVI y Francisco porque a ambos les importa mucho el ecumenismo”.

Refiriéndose a la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, dijo que había recibido muy buenas impresiones de los representantes de otras Iglesias. Han quedado muy impresionados, apreciando sobre todo el hecho de que esta Exhortación expresa una visión común. En el parágrafo dedicado al diálogo ecuménico, se advierte cómo los católicos pueden aprender de otras Iglesias.  El Santo Padre cita como ejemplo de sinodalidad a la Iglesia ortodoxa. Y en mi reciente visita, el Patriarca de Moscú ha mencionado precisamente este punto.


Refiriéndose al abrazo en Jerusalen, entre Pablo VI y el Patriarca ortodoxo Atenágoras mencionó que fue un gran evento después de de mil años de separación. Este encuentro provocó otro gran evento, que fue el fin de las excomuniones realizado conjuntamente por las dos Iglesias, en 1965, en la catedral del Fanar en Constantinopla y en la Basílica de San Pedro en Roma. Terminó así la era de la excomunión y se abrió la era de la comunión. En este sentido, el encuentro de Jerusalén marcó el inicio del diálogo de la caridad y de la verdad.

Y agregó que para conmemorarlo, el 25 de mayo, el Papa y el Patriarca Bartolomé se han dado cita en Jerusalén. Y que se espera  que este encuentro pueda hacer reencontrar la pasión por la unidad que estaba presente en los tiempos de Pablo VI y Atenágoras.  

Luego reflexionando sobre Moscú, Constantinopla, Roma  dijo:  “Pienso que es necesario tomar en serio la conciencia de que Cristo no puede estar dividido. El fundamento de todo el compromiso ecuménico es la oración sacerdotal de Jesús que dice que la unidad entre los discípulos de Cristo es la voluntad del Señor y todos nosotros que venimos de Pablo, Pedro y Andrés, tenemos la tarea y la responsabilidad de escuchar la voluntad de Jesús y de reencontrar esta unidad. Pablo, Pedro y Andrés eran seguramente personas diversas, con carismas diversos, pero todos eran amigos de Cristo.


 Francisco: las divisiones entre los cristianos son un escándalo
En la catequesis  del 22 de enero el Santo Padre se ha centrado en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que se celebró  bajo el lema "Cristo no puede estar dividido".
En el resumen en lengua española, el Papa ha dicho: "Estamos celebrando la semana de oración por la unidad de los cristianos, que concluirá el próximo sábado, fiesta de la Conversión de san Pablo. Se trata de un tiempo dedicado a la oración para que, como quiere el Señor, todos los bautizados seamos una sola familia. El tema propuesto para este año se refiere a la pregunta que san Pablo dirigió a los cristianos de Corinto, que se encontraban divididos en distintas facciones: «¿Acaso está dividido Cristo? Así decía san Pablo. No, Cristo no está dividido. Sin embargo, debemos reconocer con dolor que en nuestras comunidades se dan divisiones que son un escándalo y que afectan a la credibilidad y eficacia de nuestro compromiso evangelizador. Ahora bien, Pablo no sólo les reprende por sus disputas, sino que también da gracias a Dios por los dones que ha derramado en ellos. También nosotros, a pesar del sufrimiento causado por las divisiones, debemos aprender a reconocer con gozo los dones que Dios ha concedido a otros cristianos, y a recibirlos con un corazón grande y generoso. Y para esto se requiere mucha oración, humildad, reflexión y una continua conversión"


Ese día también mencionó:
Ciertamente Cristo no ha sido dividido. Pero debemos reconocer sinceramente, y con dolor, que nuestras comunidades siguen viviendo divisiones que son de escándalo. Las divisiones entre nosotros cristianos son un escándalo, no hay otra palabra, ¡un escándalo! “Cada uno de vosotros – escribía el Apóstol – dice: “Yo soy de Pablo”, “Yo en cambio soy de Apolo”, “Yo soy de Cefas”, “Yo soy de Cristo” (1, 12). También aquellos que profesaban a Cristo como su cabeza no son aplaudidos por Pablo, porque usaban el nombre de Cristo para separarse de los demás dentro de la comunidad cristiana. ¡Pero el nombre de Cristo crea comunión y unidad, no división! Él ha venido a hacer comunión entre nosotros, no para dividirnos. El Bautismo y la Cruz son elementos centrales del discipulado cristiano que tenemos en común. Las divisiones en cambio debilitan la credibilidad y la eficacia de nuestro compromiso de evangelización y corren el riesgo de vaciar a la Cruz de su potencia (cfr. 1, 17).

…  A pesar del sufrimiento de las divisiones, que por desgracia aún permanecen, acojamos las palabras de Pablo como una invitación a alegrarnos sinceramente por las gracias concedidas por Dios a otros cristianos. Tenemos el mismo bautismo, el mismo Espíritu Santo que nos concede las gracias. Reconozcámoslo y alegrémonos.

Es hermoso reconocer la gracia con la que Dios nos bendice y, aún más, encontrar en otros cristianos algo que necesitamos, algo que podríamos recibir como un don de nuestros hermanos y de nuestras hermanas. El grupo canadiense que ha preparado los subsidios de esta Semana de oración no ha invitado a las comunidades a pensar en lo que podrían dar a sus vecinos cristianos, sino que les ha exhortado a encontrarse para comprender lo que todas pueden recibir cada vez de las demás. Esto requiere algo más. Requiere mucha oración, requiere humildad, requiere reflexión y continua conversión. Vayamos adelante en este camino rezando por la unidad de los cristianos, para que este escándalo disminuya y no se de más entre nosotros. ¡Gracias!


El Papa: solo Cristo puede ser el motor de nuestra unidad

ROMA, 25 de enero de 2014 (Zenit.org) - El Santo Padre ha presidido esta tarde la oración de las vísperas por la solemnidad de la Conversión de san Pablo Apóstol y la conclusión de Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, donde participaron también representantes de otras Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en Roma.
Publicamos a continuación las palabras que el Papa ha pronunciado durante la celebración:
Queridos hermanos y hermanas:
«¿Está dividido Cristo?» (1 Co 1,13). … El Apóstol ha recibido con gran tristeza la noticia de que los cristianos de Corinto están divididos en varias facciones. Hay quien afirma: «Yo soy de Pablo»; otros, sin embargo, declaran: « Yo soy de Apolo»; y otros añaden: «Yo soy de Cefas». Finalmente, están también los que proclaman: «Yo soy de Cristo» (cf. v. 12). Pero ni siquiera los que se remiten a Cristo merecen el elogio de Pablo, pues usan el nombre del único Salvador para distanciarse de otros hermanos en la comunidad. En otras palabras, la experiencia particular de cada uno, la referencia a algunas personas importantes de la comunidad, se convierten en el criterio para juzgar la fe de los otros.

En esta situación de división, Pablo exhorta a los cristianos de Corinto, «en nombre de nuestro Señor Jesucristo», a ser unánimes en el hablar, para que no haya divisiones entre ellos, sino que estén perfectamente unidos en un mismo pensar y un mismo sentir (cf. v. 10). Pero la comunión que el Apóstol reclama no puede ser fruto de estrategias humanas. En efecto, la perfecta unión entre los hermanos sólo es posible cuando se remiten al pensar y al sentir de Cristo Jesús (cf. Flp 2,5). Esta tarde, mientras estamos aquí reunidos en oración, nos damos cuenta de que Cristo, que no puede estar dividido, quiere atraernos hacia sí, hacia los sentimientos de su corazón, hacia su abandono total y confiado en las manos del Padre, hacia su despojo radical por amor a la humanidad. Sólo él puede ser el principio, la causa, el motor de nuestra unidad.

Cuando estamos en su presencia, nos hacemos aún más conscientes de que no podemos considerar las divisiones en la Iglesia como un fenómeno en cierto modo natural, inevitable en cualquier forma de vida asociativa. Nuestras divisiones hieren Su cuerpo, dañan el testimonio que estamos llamados a dar en el mundo. El Decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II, refiriéndose al texto de san Pablo que hemos meditado, afirma de manera significativa: «Con ser una y única la Iglesia fundada por Cristo Señor, son muchas, sin embargo, las Comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; ciertamente, todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y marchan por caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido».

Y, por tanto, añade: «Esta división contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura» (Unitatis redintegratio, 1). Todos nosotros hemos sido dañados por las divisiones. Todos nosotros no queremos convertirnos en un escándalo. Por esto todos nosotros caminamos juntos fraternalmente hacia la unidad también haciendo unidad en el caminar, esa unidad que viene del Espíritu Santo que nos lleva a una singularidad especial que solamente en Espíritu Santo puede hacer, la diversidad reconciliada. El Señor nos espera a todos, nos acompaña a todos y con todos nosotros en este camino de la unidad.

Queridos amigos, Cristo no puede estar dividido. Esta certeza debe animarnos y sostenernos para continuar con humildad y confianza en el camino hacia el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los creyentes en Cristo. Me es grato recordar en este momento la obra de dos grandes Papas: los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II. Tanto uno como otro fueron madurando durante su vida la conciencia de la urgencia de la causa de la unidad y, una vez elegidos a Obispos de Roma, han guiado con determinación a la grey católica por el camino ecuménico.

El papa Juan, abriendo nuevas vías, antes casi impensables. El papa Juan Pablo, proponiendo el diálogo ecuménico como dimensión ordinaria e imprescindible de la vida de cada Iglesia particular. Junto a ellos, menciono también al papa Pablo VI, otro gran protagonista del diálogo, del que recordamos precisamente en estos días el quincuagésimo aniversario del histórico abrazo en Jerusalén con el Patriarca de Constantinopla, Atenágoras.

La obra de estos predecesores míos ha conseguido que el aspecto del diálogo ecuménico se haya convertido en una dimensión esencial del ministerio del Obispo de Roma, hasta el punto de que hoy no se entendería plenamente el servicio petrino sin incluir en él esta apertura al diálogo con todos los creyentes en Cristo. También podemos decir que el camino ecuménico ha permitido profundizar la comprensión del ministerio del Sucesor de Pedro, y debemos confiar en que seguirá actuando en este sentido en el futuro. Mientras consideramos con gratitud los avances que el Señor nos ha permitido hacer, y sin ocultar las dificultades por las que hoy atraviesa el diálogo ecuménico, pidamos que todos seamos impregnados de los sentimientos de Cristo, para poder caminar hacia la unidad que él quiere. Caminar juntos ya es hacer unidad.

En este ambiente de oración por el don de la unidad, quisiera saludar cordial y fraternalmente a Su Eminencia el Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a Su Gracia David Moxon, representante del arzobispo de Canterbury en Roma, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades Eclesiales que esta tarde han venido aquí. Estos dos hermanos en representación de todos hemos rezado en el sepulcro de Pablo. Y hemos dicho entre nosotros, 'recemos para que Dios nos ayude en este camino, este camino de la unidad, del amor, haciendo camino de unidad'. La unidad no vendrá como un milagro al final, la unidad viene en el camino, la hace el Espíritu Santo en el camino. Si nosotros no caminamos juntos, si nosotros no rezamos los unos por los otros, si nosotros no trabajamos juntos en tantas cosas que podemos hacer en este mundo por el Pueblo de Dios, la unidad no vendrá. Se hace en este camino, en cada paso. Y no la hacemos nosotros, la hace el Espíritu Santo que ve nuestra buena voluntad.

Queridos hermanos y hermanas, oremos al Señor Jesús, que nos ha hecho miembros vivos de su Cuerpo, para que nos mantenga profundamente unidos a él, nos ayude a superar nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos. Y recordamos que la unidad siempre es superior al conflicto. Y nos ayude a estar unidos unos a otros por una sola fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones (cf. Rm 5,5 ). Amén.




Palabras de Mons. Marco Gnavi, director de la Oficina para el ecumenismo del Vicariato de Roma.
Los cristianos hijos del Evangelio, la unidad está en nuestro ADN.

Hoy, ¿a qué punto se ha llegado en el diálogo ecuménico? ¿Cuáles son los desafíos que se esperan?
--Mons. Gnavi: Nunca como en el momento actual se ha alcanzado una conciencia tal de las diferencias de cada uno. Se trata ahora de dar testimonio  juntos, delante de un mundo que mira a los discípulos de Evangelio, de los que se espera ver una esperanza. La búsqueda de la unidad hoy no puede ser prerrogativa solo de los académicos, de los teólogos, sino que debe involucrar a todos en una nueva inspiración, en una nueva pasión, recordándonos la llamada urgente a la unidad que viene de la oración sacerdotal de Jesús en el Evangelio de Juan, el testamento espiritual que Cristo nos ha dejado.

¿Cuál es, según usted, la contribución del papa Francisco al desarrollo del diálogo ecuménico?
--Mons. Gnavi: Gran escucha y disponibilidad al encuentro. Lo demuestran las numerosas audiencias del primer día de su pontificado: Bartolomeo, Tawadros, Theodoros II y muchos otros. Como también las palabras de Siria, Egipto y todas esas zonas de mundo incendiadas por movimientos de la historia: un llamamiento continuo a la solidaridad, al encuentro con las iglesias en minoría, a dar esperanza a estos hermanos.

El Papa, en la última audiencia general de los miércoles, ha afirmado que "la división de los cristianos es un escándalo".
--Mons. Gnavi: Creo que el Papa haya querido estimular a todas las iglesias y las comunidades eclesiales, en primer lugar a nosotros católicos, a considerar la urgencia de un testimonio creíble y alegre que debemos dar del Evangelio en cada contexto en el que vivimos. La división es más dolorosa donde los cristianos son minoría, donde las armas pacíficas del diálogo se enfrentan al mal de la violencia. Hay zonas en el mundo en las que los cristianos buscan "recomponerse", aún en sus divisiones y diferencias, para darse apoyo recíproco. Pienso en particular en Nigeria, donde los católicos, anglicanos, etc., resisten juntos a las agresiones y mueren inocentemente mientras rezan en las iglesias.

En una entrevista el Papa ha hablado de hecho de “ecumenismo de sangre”…
--Mons. Gnavi: Exacto. Es el ecumenismo de los mártires que es celebrado por estos hermanos de Asia, África, América Latina, que viven las bienaventuranzas evangélicas al precio de la sangre, mueren en el ejercicio de la caridad, en la búsqueda de la paz. Esta humildad les hace grandes.

A la luz de lo que ha dicho hasta ahora, ¿de qué forma el viaje del Papa a Tierra Santa podrá favorecer un salto de calidad en el diálogo ecuménico?
-- Mons. Gnavi: Es un gran signo que esta visita suceda cincuenta años después del histórico abrazo de Pablo VI y Athenagora. Un gesto que ha representado la cancelación de todas las excomuniones, después de una distancia secular, en 1054. Un evento extraordinario sucedido precisamente en la Tierra de Jesús. El Papa también se encontrará con el patriarca Bartolomeo, y este encuentro - como también la elección de las tres etapas -muestra su confianza en el futuro. El viaje de Francisco no quiere marcar una nostalgia del pasado, sino una esperanza tenaz en la posibilidad de fecundar el mundo junto a los hermanos ortodoxos.




Lunes 27:
La XLVII Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos -cuyo tema de reflexión era este año “¿Está dividido Cristo?”- concluyó este sábado, 25 de enero, solemnidad de la Conversión de San Pablo, con la celebración de las segundas vísperas en la basílica romana de San Pablo Extramuros. En su homilía, el papa Francisco, refiriéndose al tema de la Semana, tomado de la Carta de San Pablo a los Corintios, observó que el Apóstol había recibido con gran tristeza la noticia de que los cristianos de Corinto estaban divididos en varias facciones pero que “ni siquiera los que se remiten a Cristo merecen el elogio de Pablo, pues usan el nombre del único Salvador para distanciarse de otros hermanos en la comunidad. En otras palabras, la experiencia particular de cada uno, la referencia a algunas personas importantes de la comunidad, se convierten en el criterio para juzgar la fe de los otros”

En su homilía, el papa Francisco, refiriéndose al tema de la Semana, tomado de la Carta de San Pablo a los Corintios, observó que el Apóstol había recibido con gran tristeza la noticia de que los cristianos de Corinto estaban divididos en varias facciones pero que “ni siquiera los que se remiten a Cristo merecen el elogio de Pablo, pues usan el nombre del único Salvador para distanciarse de otros hermanos en la comunidad. En otras palabras, la experiencia particular de cada uno, la referencia a algunas personas importantes de la comunidad, se convierten en el criterio para juzgar la fe de los otros”. 

En esta situación de división, Pablo exhorta a los cristianos de Corinto, “en nombre de nuestro Señor Jesucristo” a que no haya divisiones entre ellos, sino que estén perfectamente unidos en un mismo pensar y un mismo sentir. “Pero la comunión que el Apóstol reclama -recalcó el Papa- no puede ser fruto de estrategias humanas: la perfecta unión entre los hermanos sólo es posible cuando se remiten al pensar y al sentir de Cristo. Esta tarde, mientras estamos aquí reunidos en oración, nos damos cuenta de que Cristo, que no puede estar dividido, quiere atraernos hacia sí, hacia los sentimientos de su corazón, hacia su abandono total y confiado en las manos del Padre, hacia su despojo radical por amor a la humanidad. Sólo él puede ser el principio, la causa, el motor de nuestra unidad” 

“Cuando estamos en su presencia, nos hacemos aún más conscientes de que no podemos considerar las divisiones en la Iglesia como un fenómeno en cierto modo natural, inevitable en cualquier forma de vida asociativa. Nuestras divisiones hieren su cuerpo, dañan el testimonio que estamos llamados a dar en el mundo”. A este propósito el Obispo de Roma citó el Decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II, “Unitatis redintegratio” que afirma: “Con ser una y única la Iglesia fundada por Cristo Señor, son muchas, sin embargo, las Comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; ciertamente, todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y marchan por caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido”. Y, por tanto, añade: “Esta división contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura”. 

“Las divisiones nos hicieron daño a todos. Ninguno de nosotros desea ser causa de escándalo. Por eso, todos caminamos juntos, fraternalmente, por el camino de la unidad, construyendo la unidad al caminar, esa unidad que viene del Espíritu Santo y que se caracteriza por una singularidad especial, que sólo el Espíritu santo puede lograr: la diversidad reconciliada. El Señor nos espera a todos, nos acompaña a todos, está con todos nosotros en este camino de la unidad”. 

“Cristo no puede estar dividido. Esta certeza debe animarnos y sostenernos para continuar con humildad y confianza en el camino hacia el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los creyentes en Cristo. Me es grato recordar en este momento la obra del beato Juan XXIII y del beato Juan Pablo II. El papa Juan, abriendo nuevas vías, antes casi impensables. El papa Juan Pablo, proponiendo el diálogo ecuménico como dimensión ordinaria e imprescindible de la vida de cada Iglesia particular. Junto a ellos, menciono también al papa Pablo VI, otro gran protagonista del diálogo, del que recordamos precisamente en estos días el quincuagésimo aniversario del histórico abrazo en Jerusalén con el Patriarca de Constantinopla, Atenágoras”. 

“La obra de estos Pontífices consiguió que el aspecto del diálogo ecuménico se haya convertido en una dimensión esencial del ministerio del obispo de Roma, hasta el punto de que hoy no se entendería plenamente el servicio petrino sin incluir en él esta apertura al diálogo con todos los creyentes en Cristo. También podemos decir que el camino ecuménico permitió profundizar la comprensión del ministerio del Sucesor de Pedro, y debemos confiar en que seguirá actuando en este sentido en el futuro. Mientras consideramos con gratitud los avances que el Señor nos permitió hacer, y sin ocultar las dificultades por las que hoy atraviesa el diálogo ecuménico, pidamos que todos seamos impregnados de los sentimientos de Cristo, para poder caminar hacia la unidad que él quiere. Y caminar juntos es ya construir la unidad”. 

Al final, Francisco saludó al Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a David Moxon, representante del arzobispo de Canterbury en Roma, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades Eclesiales presentes en San Pablo Extramuros. 

“Con estos dos hermanos, en representación de todos -recordó- rezamos ante el Sepulcro de Pablo y dijimos entre nosotros: "Pidamos para que él nos ayude en este camino, en este camino de la unidad, del amor, haciendo camino de unidad". La unidad no vendrá como un milagro al final: la unidad viene en el camino, la construye el Espíritu Santo en el camino. Si no caminamos juntos, si no rezamos los unos por los otros, si no colaboramos en tantas cosas como podemos hacer en este mundo por el Pueblo de Dios, la unidad no se dará. Se construye en este camino, a cada paso, y no la hacemos nosotros: la hace el Espíritu Santo, que ve nuestra buena voluntad”. 

“Oremos al Señor Jesús que nos hizo miembros vivos de su Cuerpo -concluyó- para que nos mantenga profundamente unidos a él, nos ayude a superar nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros egoísmos; y recordemos que la unidad es siempre superior al conflicto. Y nos ayude a estar unidos unos a otros por una sola fuerza, la del amor, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones”. 


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